
Construido en 1916, el hotel es una obra de arte arquitectónica. Artesanos locales se encargaron de restaurar varios mosaicos, estucos, elegantes balcones y tejas francesas de terracota, asegurándose de preservar el estilo original de la casa.
“Excelente ubicación en Barranco, en una calle lateral tranquila. Decoración vintage y antigua, con estilo y un toque original, tanto en la habitación como en todo el hotel. Muy buen desayuno en la azotea.”
Cada residencia de Ananay tiene una historia que comenzó mucho antes de convertirse en hotel. Sus muros, patios y jardines han sido testigos del paso de los siglos, de ciudades en constante transformación y de innumerables vidas. La restauración ha preservado ese legado, permitiendo que cada propiedad conserve su carácter y permanezca profundamente vinculada al lugar que la vio nacer.
